El sillón de la sala termina aguantando con estos dos. Ella llega con poca ropa puesta, apenas un conjunto de lencería, y él ni se hace rogar: ahí mismo arrancan, sin cerrar bien la puerta. La moza se le monta encima y se lo trabaja de a poco, agarrada del respaldo.
Después él se la coge de a cuatro sobre el mismo sillón, con los muebles del living a la vista y el televisor apagado. En ningún momento dejan de mirarse. Un porno boliviano casero, grabado sin montar nada, con la sala de la casa como único escenario.
Cuando ya ninguno de los dos da más, ella se acomoda la ropa y se sienta como si nada. El sillón queda peor que antes.
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