Gina ya estaba con las pechos al aire en la sala cuando su hermanastra se le arrimó al sillón. Se besan despacio, sin apuro, mientras una le baja la ropa interior a la otra con una sola mano. Hay una planta al lado y unos cuadros en la pared que ninguna de las dos mira.
La otra se agacha entre sus piernas y le mete la lengua sin decir nada. Gina se arquea en el sillón, agarra un cojín y se muerde el labio para no subir la voz. Esto es porno boliviano bien casero: dos en la sala, sin guion, con la tele prendida a bajo volumen de fondo.
Cuando paran, la hermanastra se queda acostada en el sillón con los ojos cerrados y Gina se acomoda el pelo. Nadie prende la luz.
También te puede gustar:





