Entre las mujeres de potosí hay algunas checitas que se animan a cosas bien atrevidas, y esta es una de ellas. La grabación la muestra en el gimnasio con su entrenador, primero estirando como si nada y después soltándose de a poco cuando él se le acerca.
Él le ayuda con las posturas, le pone la mano en la cintura y de ahí pasan a otra cosa sin que nadie diga mucho. Ella es pequeñita, así que él la mueve fácil de un lado a otro. La luz del lugar es fría y se nota que están solos en el gimnasio. Ella se agarra del banco y no mira a la cámara.
Paran cuando suena algo afuera, después siguen como si nada hubiera pasado.
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