Dos imillas potosinas se fueron a la playa y ahí se cruzaron con un chango que les cayó bien. Sin mucho rodeo lo llevaron a un rincón escondido entre las rocas y arrancaron con este porno potosí bien al aire libre.
Las dos se turnaban para mamarle la pico mientras la otra miraba. El chango no creía su suerte, con dos bocas trabajándolo al mismo tiempo. Pegaba el sol de costado y se escuchaba el mar de fondo. Una le bajaba despacio y la otra le besaba por arriba.
El tipo jadeaba con las manos en la cabeza de las dos. Ninguna tenía apuro, iban de a poco y se miraban entre ellas. Cuando ya no podía más se recostó en la arena sin decir nada.
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