La gordita se arrodilla a la sombra del trapiche y le baja el short de baño al che sin pedir permiso. Agarra la chota con las dos manos y arranca con una chupada lenta, mirándolo de frente, aunque la saliva se le escurre por la barbilla. Él se queda apoyado en la madera, dejándola trabajar tranquila.
Después ella se para, se baja la parte de abajo del bikini y se da vuelta agarrándose del poste. Él se la mete de a poco y arranca la cogida ahí mismo, al aire libre, sin estudio ni nada, como ese porno boliviano que se graba un domingo cualquiera. Las nalgas le quedan rojas de los golpes de la pelvis. Una mosca ronda la madera y a nadie le importa. Se levantan agitados, agarran la ropa del suelo y se van sin decir nada.
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