Una potosina culona aparece sentada en su sala, con la televisión prendida de fondo. La tipa se acomoda la ropa interior frente a la cámara sin ningún apuro, como si ya supiera bien lo que hace. Tiene un poto que se come la butaca entera y lo deja ver sin pena.
Se para un momento, se baja la tanga de a poco y después se la acomoda de vuelta, jugando con quitársela del todo. Cada vez que se inclina, la tela no da más. El celular suena una vez sobre la mesa y ella ni lo mira. Acá las chicas de potosí se aprovechan cuando quedan solas en casa: ella vuelve a sentarse con las piernas separadas, la tanga al hilo, mirando fija la pantalla sin decir nada.
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