Sentada en el sofá con una blusa sin mangas, la tipa ya tiene la falda subida de tanto moverse. El loco se le acerca por el lado, le acaricia el muslo de a poco y le susurra algo al oído que la hace sonreír. Más atrás, alguien pasa por el pasillo y ninguno de los dos le presta atención.
Ella se sube encima sin sacarse nada todavía y sigue con el beso. Es una escena de porno boliviano bien casera: luz del salón, ropa de casa y cero producción. Él le mete las manos por detrás y le aprieta el poto. Ella apoya las manos en su pecho y marca el paso sola, sin prisa.
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