La hermanasta y su amiga llegan juntas a lo del viejo y se agarran a besar apenas cierra la puerta. Se tocan una a la otra despacio, entre risas, mientras él las mira sin decir nada desde la cocina.
Después él se suma: la amiga le mama la chota con calma hasta dejársela bien dura, y la hermanasta se pone de a cuatro en el sillón esperando su turno. El las coge por turnos, una abajo y la otra arriba, y ninguna suelta a la otra. Este es porno boliviano de verdad, sin nada armado. La tele quedó encendida en otro cuarto y nadie la apaga.
Al final se viene y ellas se lo lamen entre las dos, compartiendo la lechada sin asco. Quedan tiradas en el sillón, todavía entrelazadas, riéndose de nada.
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