La moza queda parada en el servicio con la ropa puesta, como si acabara de llegar. El loco se le pega por detrás y le apoya la mano en el hombro, y ella no se aparta ni un centímetro; al contrario, se recarga más contra él, esperando que siga. El piso de baldosas hace eco con cada movimiento y ninguno de los dos dice nada.
Las mujeres de potosí no se hacen rogar, y esta menos: él le va subiendo la blusa de a poco mientras ella se agarra del lavatorio. La tipa anda ardiente desde antes, se nota, porque hasta acomoda el pelo para dejarle el cuello libre. Él la trabaja despacio y ella se va jadeando cuando ya tiene la ropa levantada. La escena corta justo cuando él la está girando.
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