En la sala de la casa, una se arrodilla con la lencería negra puesta y la blusa ya abierta, mientras la otra sigue de pie con la ropa oscura y las botas puestas, el muslo al aire. Entre las plantas y los peluches del mueble, el asunto se pone serio de a poco. Nadie cerró la cortina y da lo mismo.
La de las botas es de esas potosinas xxx que no se cortan con la cámara enfrente: agarra la cabeza de la otra, la lleva despacio y se escucha todo porque no hay música de fondo. En un momento suena el celular arriba del sillón y ninguna lo mira. Siguen en las mismas hasta que la de la lencería se queda sin aire y pide una pausa, ahí nomás. Se queda respirando y la sala vuelve a quedar en silencio.
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